
Mi primera reacción fue negativa. Pero después de recapacitarlo terminé accediendo a los participar. El domingo pasado se realizó en un galpón del 6to Anillo el
junte de los
Vaca-Díez. Un churrasco para que algunos se rencuentren y otros se conozcan. Se preguntarán ustedes
¿acaso no era Vaca-Pereira? Yo también lo pensé así.
¿Qué pitos toco con los Vaca-Díez? Mi abuela, María Luisa Bravo Vaca-Díez, fue insistente e hizo que toda su lichigada vaya al junte. Somos miembros de la línea de su madre, mi bisabuela, Nelly Vaca-Díez, hoy con 103 años, nieta del célebre gomero Antonio Vaca-Díez, que salía en el billete de Bs. 2 hace mucho. Al llegar resultó que me conocía con medio mundo. Personas que veía seguidísimo resultaron ser primos y primas. Y así, como yo, aparecieron cantidad de primos y tíos que ni apellidaban Vaca-Díez pero pertenecían a alguna de las líneas de los cinco (si no recuerdo mal) hermanos de mi bisabuela. Fueron unas 300 personas y faltaron otras 100 más al menos. Ahí, entre carne y cerveza, soda y tecito, me fui enterando un poquito más de la frondosa genealogía que me precede. ¡Qué lindo que es sentirse en familia! Sobre todo porque aunque sepamos que el víncluo de sangre es mínimo, existe ese feeling que nos acerca. La sangre tira, dice mi abuela.
Algún día deberé escribir un libro sobre todas esas líneas que llegan a mí, los Bravo, próceres argentinos; los Vaca-Díez, oligarcas gomeros; los Vaca-Pereira, criollos artistas; los Ferreira y los Rocha, que cruzaron el charco de Portugal hacia Brasil en diferentes épocas. No hay nada como la(s) familia(s).
Posteo después de un fin de semana turbulento. Hoy empiezo la semana y el mes con algo más divertido.
foto: la familia Bravo Vaca-Díez en pleno